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“Chile, Mole y Pozole”: El festival de danza urbana que nació para crecer

Con el objetivo de sembrar y cultivar la danza urbana en Mazatlán, Brandon Geovanny Hernández Casas, mejor conocido como “Bran Cocus”, está impulsando su proyecto más ambicioso: “Chile, Mole y Pozole”. Lo que comenzó como un punto de encuentro informal para bailar stretdance, se ha transformado en una vibrante expresión de arte urbano que celebra la cultura hip hop.

Graduado de la generación XXIII de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán (EPDM), Hernández Acosta creó el proyecto en 2023 con la visión de crear una plataforma inclusiva para la danza.

“Chile, Mole y Pozole nació en agosto de 2023, motivado por intereses personales y el apoyo que recibí en el Centro Municipal de las Artes. Consiste en realizar círculos de improvisación y freestyle al aire libre, sin fines de lucro. Nos reunimos todos los martes a las 7:30 p.m. en el Parque de Ciudades Hermanas para compartir la danza”, explica.

Un sueño en constante evolución

A dos años de su creación, el proyecto “Chile, Mole y Pozole” ha crecido exponencialmente. Su fundador, lleno de satisfacción, trabaja arduamente para que la segunda edición, que celebra su aniversario, ofrezca mejores condiciones para todos los participantes y para el equipo de producción. Tras el éxito de 2024, Bran Cocus confía en que la fórmula de comunidad y pasión se repita este año.

Además de su labor como organizador, Bran Cocus continúa alimentando su propia práctica artística, creando obras como solista y guiando a sus alumnos y alumnas. Sus metas son claras: seguir dedicándose a la docencia e investigación corporal, hacer crecer el festival y, sobre todo, “confiar en la colectividad antes que en la individualidad”.

El poder de la comunidad

Con una profunda convicción en el poder del arte para transformar vidas, el docente Bran Cocus concluye: “No pretendo cambiar el mundo ni obligar a nadie a pensar como yo. Lo que sí creo y hago es confiar en la colectividad. Antes que bailarín, soy un humano que siente y viaja con la manada. Un humano que vive y entiende lo que implica la cultura hip hop: integrar, enseñar, aprender, impulsar y priorizar el hip hop”, porque el hip hop lo salvó.

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“Pazzione”, Carlos Osuna y Stephen Hopkins hacen de la música italiana una declaración de amor atemporal

En tiempos donde la inmediatez marca el pulso de la industria musical, surgen proyectos que dignifican la pausa, la contemplación y el arte verdadero. Uno de ellos es “Pazzione” canzoni italiane, el nuevo álbum del tenor mazatleco Carlos Osuna junto al pianista neoyorquino Stephen Hopkins, un viaje por la tradición vocal italiana que nace desde la complicidad profunda entre dos artistas que, más que interpretar, sienten la música como un acto de entrega, memoria y belleza.

La relación entre Carlos y Stephen se remonta a 2010, cuando coincidieron como parte del equipo artístico de la Ópera Estatal de Viena. Desde entonces, lo que comenzó como una colaboración laboral derivó en una amistad y un entendimiento musical excepcional.

“Compartimos la cuestión de sentir la música de un modo muy parecido”, comenta Osuna. Esa simbiosis se vuelve palpable en cada una de las piezas de Pazzione, un álbum donde la voz y el piano no se acompañan, se escuchan, se funden, se respiran.

Pasión, locura y lírica popular

El nombre del álbum, con su doble Z, es más que un guiño gráfico. Es un manifiesto.
“Esa doble Z representa la locura y la pasión que sentimos por la música italiana”, afirma el tenor.

En efecto, “Pazzione” canzoni italiane, abraza la intensidad dramática de la ópera, pero aplicada a la canzone popular, desde la mítica Caruso, homenaje contemporáneo al legendario Enrico Caruso, hasta joyas como Nel Blu Dipinti Di Blu (Volare), Marechiare o Parlami d’amore Mariù, todas reimaginadas con nuevos arreglos y un enfoque interpretativo profundamente romántico.

En el caso Nel Blu Dipinto Di Blu (Volare), una canción frecuentemente asociada al júbilo popular, Osuna y Hopkins la desnudan hasta mostrar el corazón poético del texto: “Habla sobre los ojos azules de una mujer amada, sobre volar en su cielo. Es un poema”, explica el tenor. Lo mismo sucede con Parla più piano —el tema de la película “El Padrino”—, que aquí se presenta con letra, una revelación para muchos, gracias a la inspiración que Osuna encontró en una versión del tenor Roberto Alagna.

Una producción íntima, latina y universal

Grabado en Viena, en el mismo estudio donde Carlos Osuna registró su álbum anterior “Nostalgias”, “Pazzione” es el resultado de una fusión cultural y emocional poderosa. Aunque Hopkins es neoyorquino, su vínculo con la cultura hispana —a través de su esposa española— permite que ambos artistas compartan una sensibilidad que atraviesa idiomas y geografías. A eso se suma el talento del productor venezolano Carlos Pino Quintana y los arreglos de Pablo Mejía, músico mazatleco que aportó su pluma a los arreglos de temas como Caruso, Volare y Parla più piano.

“Somos tres latinos grabando al lado de una de las estaciones de tren más importantes de Viena, enajenándonos con la música”, expresa Carlos Osuna, al destacar ese sabor emocional que permea toda la obra. El resultado es un disco que, si bien bebe de la tradición italiana, tiene el alma abierta del bolero, la pasión de la ópera y la nostalgia de la canción romántica.

Rescatar la emoción, entre texto y música
Carlos Osuna subraya que cada pieza fue abordada con profundidad textual y musical.

“Profundizamos mucho en el texto… tratamos de que todas las canciones tengan ese brillo, esa profundidad, reflejando la pasión, el amor y la nostalgia que se vive día a día”, comenta.

Así, Pazzione no solo es un trabajo técnico impecable, sino también un ejercicio de interpretación emocional, donde cada palabra y cada nota son tratadas con reverencia.

El álbum ha sido posible gracias al apoyo institucional del Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC) y su director, Juan Salvador Avilés Ochoa, a quienes Osuna agradece públicamente por respaldar esta producción.

Disponible ya en todas las plataformas musicales —Spotify, Apple Music, YouTube Music, Amazon Music— “Pazzione” es un regalo para los oídos sensibles, una obra que rescata el arte de cantar con alma y de tocar con el corazón.

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Mazatlán en el centro de la diversidad cultural global con el proyecto “MADE by HER: Infinito M” apoyado por la UNESCO

El espacio cultural independiente MADE A.C. celebra un logro trascendental al ser seleccionado por el Fondo Internacional para la Diversidad Cultural (FIDC) de la UNESCO para su ambicioso proyecto “MADE by HER: Infinito M”. Esta iniciativa, que busca proteger y promover la diversidad cultural impulsando a jóvenes artistas escénicas y visuales femeninas, ha logrado posicionar a México y a Mazatlán en el escenario internacional de la diversidad cultural, siendo el único proyecto mexicano elegido entre más de mil postulaciones a nivel mundial.

MADE A.C., una asociación civil y donataria autorizada desde 2018, co-dirigida por Vanya Saavedra (egresada de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán) y Cristiano Gabrielli, ha sido un pilar para la creación y experimentación artística en Mazatlán. Ubicado en la Avenida Miguel Alemán 927, el espacio ha acogido a artistas de diversas partes del mundo, ofreciendo un refugio para el desarrollo creativo. El nombre MADE, que significa “Mutaciones, Artes, Didácticas y Experimentaciones”, refleja su compromiso con la innovación y el aprendizaje continuo.

“MADE by HER: Infinito M”: Un Impulso para Artistas Mujeres

El proyecto “MADE by HER: Infinito M”, fue presentado por Vanya Saavedra ante la UNESCO. Vanya, quien llegó a Mazatlán en 2014 para estudiar danza y se ha “adoptado mazatleca”, enfatiza que la danza contemporánea es su medio para estudiar el mundo, compartir su mundo interior y procesar la realidad. Para ella, el arte y la danza hacen “vivible la vida” en medio del caos, tejiendo comunidad y ofreciendo un espacio de expresión y exploración.

MADE by HER: Infinito M”, está diseñado específicamente para mujeres artistas. Contempla tres convocatorias abiertas que beneficiarán directamente a jóvenes creadoras mexicanas:

  • WIP (Work In Progress): Seis proyectos escénicos en desarrollo recibirán apoyo para crear y mostrar sus procesos en MADE, con asesoría profesional, acceso a espacio de trabajo, funciones públicas y fondos de producción.
  • OPEN BOX: Seis obras escénicas terminadas lideradas por mujeres jóvenes tendrán la oportunidad de presentarse ante el público en funciones remuneradas.

-AWhiteOFFSpace: Seis artistas o colectivos visuales expondrán sus obras en diálogo con las funciones escénicas, generando un cruce entre disciplinas.

Democratización del arte y profesionalización

Más allá de la creación y exhibición, “MADE by HER” aborda problemáticas clave en el ámbito artístico. Uno de sus ejes principales es la profesionalización, ofreciendo seis talleres enfocados en producción, gestión, desarrollo de imagen y comunicación de proyectos.

Vanya Saavedra, quien también es maestra de la licenciatura en Danza de la EPDM, destaca la necesidad de estos espacios de formación fuera de las licenciaturas tradicionales, buscando dar herramientas para la sustentabilidad a largo plazo de los proyectos artísticos.

El proyecto también tiene un fuerte componente social, buscando democratizar el acceso a la cultura. Se gestionará transporte gratuito y actividades de mediación artística para atraer al espacio a mujeres y niños de contextos vulnerables, como la Isla de la Piedra o el Centro Regional de Justicia para las Mujeres. La visión es que el arte sea accesible para todas y todos, no solo para ciertas poblaciones o como un complemento turístico.

Impacto global y crecimiento institucional

El apoyo de la UNESCO representa una “catapulta de visibilidad” para MADE A.C. y sus proyectos. Además de la proyección global, este respaldo impulsa a la asociación a profesionalizarse y a cumplir con estándares internacionales, fomentando su crecimiento como equipo y la adquisición de nuevas herramientas. El objetivo es que estos proyectos tengan un impacto más incisivo y profundo en la comunidad, y que la rica cultura de Mazatlán se dé a conocer a nivel nacional e internacional, afirma Vanya.

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Daniel Delgado y “La Banca Vagabunda”: Innovación en la Danza con Proyección Global

-Desde Mazatlán, el joven talento Daniel Eduardo Delgado, egresado de la generación XXIII de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán (EPDM), está redefiniendo los límites de la expresión artística con “La Banca Vagabunda”. Este colectivo, fundado por Delgado y otros colegas, surge de la necesidad de construir nuevos lenguajes de movimiento y ofrecer plataformas innovadoras para la danza. Su visión abarca tanto el mundo físico como el virtual, adaptándose a la era globalizada y digital.

Originario de Manta, Ecuador, Daniel y su equipo han capitalizado el potencial de la videodanza, creando “nuevos espacios para la nueva generación de artistas y consagrados”. Esta aproximación ha generado un impacto positivo desde sus inicios, logrando organizar con éxito “varias noches de estrenos en el mundo cibernético”.

“La Banca Vagabunda es un colectivo que busca abrir nuevos espacios para los artistas y por el momento hemos logrado hacer noches de video danzas lo cual vemos que es una manera muy importante de también llamar la atención al público y poder hacer que vean el arte de diferentes maneras y que se puede consumir de muchas maneras”, explicó Delgado.

Actualmente, el colectivo se encuentra en una fase de reestructuración, con sus integrantes dedicando tiempo a “planificar los proyectos a futuro”. El objetivo primordial sigue siendo “generar un espacio para artistas, público y generar nuevo público”.
El Cuerpo como constante exploración y conexión

Paralelo a su trabajo colectivo, Daniel Delgado se enfoca en una profunda “investigación corporal”. Su meta es explorar “otras ramas del movimiento que ayuden a complementar y a seguir construyendo lenguaje de movimientos”, lo cual lo convertirá en “un mejor intérprete y un mejor coreógrafo”.

La pasión de Delgado por la danza lo impulsa a viajar y expandir sus horizontes. Recientemente, participó en el Festival Primate en Xalapa, Veracruz, una experiencia que representó “una gran oportunidad para poder seguir explorando y buscando nuevas redes de comunicación en la danza y en el arte en general”, siempre con la intención de “tener un contacto más cerca con los demás bailarines y artistas escénicos”.

Actualmente, Daniel Eduardo Delgado desarrolla un taller de danza. Su intención es compartirlo próximamente con artistas y personas interesadas, siempre con el propósito fundamental de “compartir el conocimiento para que los cuerpos transmitan eso que no se puede decir con las palabras”.

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Carolina Ponce Chávez, la danza como Manifiesto de Libertad

Carolina Ponce Chávez es el ejemplo vivo de que elegir una carrera artística no solo es posible, sino profundamente transformador. Recién graduada de la Licenciatura en Danza Contemporánea de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán (EPDM), Generación XXIII, Carolina ha iniciado un camino creativo con identidad, potencia escénica y visión crítica.

Actualmente, Carolina Ponce desarrolla un proyecto interdisciplinario que cruza música, artes plásticas y danza, una apuesta arriesgada y valiente que busca generar una experiencia íntima y colectiva al mismo tiempo. A través del movimiento, el sonido, el disfraz, la improvisación y el humor crítico, la artista pretende suspender el juicio escénico y permitir que el cuerpo exista libremente. Su objetivo, como ella misma lo describe, es crear una utopía escénica.

Este proyecto no nace del azar, sino de una necesidad personal profunda, consolidar su voz como creadora escénica en un entorno que le permita conjugar lo autobiográfico, lo íntimo, lo político y lo colectivo.

La semilla de esta búsqueda se plantó en la pieza grupal “Ut0pik4’s”, desarrollada en el tercer año de su formación profesional, donde el performance le reveló su fuerza expresiva para abordar emociones complejas. Esa experiencia fue el punto de partida de su exploración multidisciplinaria.

Carolina no está sola en este trayecto. Colabora con la música de Yules Vil, egresada de la Escuela de Música del Instituto de Cultura de Mazatlán, y con el artista visual Juan Tun Naal, quienes comparten su inquietud por crear un lenguaje escénico expansivo, híbrido y honesto en un proyecto llamado “Utopía de la Vergüenza”.

A la par, Carolina Ponce se prepara para audicionar en diversos proyectos escénicos, entre ellos la Compañía de Danza Juvenil de la UNAM (DAJU), reconocida por su trabajo con coreógrafos y docentes de vanguardia. Su objetivo es continuar enriqueciendo su lenguaje corporal y madurando como intérprete, en busca de escenarios que le permitan seguir diciendo con el cuerpo lo que las palabras callan. Formar parte de una compañía de este nivel abrirá nuevas puertas hacia compañías nacionales e internacionales, un futuro que se vislumbra prometedor para una artista con una voz propia en construcción.

Creer en la juventud que cree en sí misma

Carolina Ponce Chávez nos recuerda que el arte no es una vía marginal, sino una forma legítima y necesaria de vivir y transformar el mundo. Su compromiso con la escena, su valentía para romper moldes y su capacidad de crear desde lo más profundo de su ser, son prueba de que cuando a la juventud se le confía su vocación, florece con fuerza y dignidad.

Estudiar arte no es huir de la realidad, es encararla con sensibilidad, crítica y esperanza. La historia de Carolina es un llamado a las instituciones, familias y comunidades a apostar por quienes se atreven a bailar en la vida con autenticidad.

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La Danza como memoria, identidad y creación, el camino de Isaura Torres Reyes

Isaura Torres Reyes, conocida también como Isaura Torrey, es una artista de la danza contemporánea cuya trayectoria se ha tejido entre la memoria, el duelo, la creación y la búsqueda incansable de sentido a través del movimiento.

Originaria de Aguascalientes, llegó a Mazatlán hace tres años como parte del programa de residencias de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán (EPDM), sin saber que este puerto la acogería no solo como estudiante, sino como una creadora que empezaba a dar forma a su voz escénica.

Graduada en 2020 por la Universidad de las Artes de Aguascalientes, Isaura fue beneficiaria de la beca PECDA en 2021 en la categoría de coreografía, jóvenes creadores. Esta oportunidad le permitió materializar su primer proyecto autoral, SAUDADE, una obra de danza contemporánea que aborda con sensibilidad el tema de la muerte por suicidio. En ella, Isaura convirtió el dolor de perder a un amigo en un gesto coreográfico que refleja el duelo desde la perspectiva de quienes se quedan. “Fue una de las mejores experiencias de mi vida”, afirma, al reconocer que ese proceso le confirmó que su destino artístico estaba en la creación y dirección coreográfica.

A través de sus palabras, comprendemos que la danza contemporánea para Isaura no es solo un arte del cuerpo en movimiento, sino una herramienta para transformar experiencias personales en lenguaje escénico, para compartir lo inefable y sanar colectivamente. Su trabajo nace desde un compromiso íntimo con el arte como acto de resistencia y sanación.

En su paso por Mazatlán, Isaura encontró mucho más que una escuela, descubrió un territorio fértil, un semillero de proyectos artísticos profundamente arraigados en una comunidad creativa. La EPDM, dice, fue el espacio que le permitió reconocer que detrás de los proyectos que admiraba, casi siempre había una raíz común, esta escuela. “Aquí aprendí sobre las redes que se tejen entre artistas, sobre la creación, la colaboración, la importancia de la postura política y social, y mucho sobre mí misma.”

Desde entonces, su proyecto artístico ha evolucionado y hoy lleva el nombre de De Ilirios, en referencia a esa renovación poética y resiliente de su obra. Este proyecto integra la pieza SAUDADE, dos videodanzas, seis trabajos coreográficos y un videoclip creado para la cantante Geo Blanc. Además, ya se encuentra en proceso de montaje su segunda obra, SINO, una pieza de danza teatro realizada en colaboración con el escritor Jorge Terrones y con un elenco conformado por egresados de la EPDM.

Isaura también ha iniciado una exploración híbrida entre la danza contemporánea y la danza folclórica mexicana, reflejada en el taller ITINERANTE, cartografías para la danza, un gesto de reconciliación entre los lenguajes tradicionales y los lenguajes de vanguardia.

En sus reflexiones queda claro que la EPDM no solo forma bailarines, forma artistas con identidad, pensamiento crítico y una profunda conexión con su entorno. Cada egresado que emerge de sus aulas lleva consigo una voz singular, capaz de dialogar con los tiempos que vivimos y de crear futuro desde su propio cuerpo. Isaura Torres Reyes es ejemplo vivo de ello, una artista que ha sabido transformar la ausencia en presencia escénica, el dolor en obra y la incertidumbre en camino.

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Karla Veytia, de la guitarra en la Iglesia al Teatro Instrumental Contemporáneo

Desde que tomó una guitarra por primera vez a los 10 años en el coro de una iglesia, Karla Veytia supo que la música iba a marcar su vida. Sin embargo, no imaginó que años más tarde estaría defendiendo una tesis sobre teatro instrumental, ni mucho menos que una pieza para maracas y cinta pregrabada definiría su sello artístico.

El trayecto que recorrió para llegar hasta ese punto es la historia de una convicción forjada entre escenarios locales, bares, estudios y aulas formales. Es también la historia del compromiso que exige ser músico en un país donde este camino aún requiere valentía.

“Me enamoré de la percusión en la Banda Sinfónica de la UAS. Pero cuando empecé a trabajar en eventos y bares, supe que quería saber más. Ahí nació mi necesidad de buscar una formación académica”, cuenta Karla.

El paso por el “underground” no fue casualidad ni improvisación, fue parte de ese ritual de legitimación que muchos músicos atraviesan antes de tomar la decisión crucial de ingresar a una institución formal. En su caso, el Centro Municipal de Artes de Mazatlán (CMA) del Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán.

Formación con enfoque en metas y proyectos

Karla Veytia ingresó en 2021 a la Licenciatura en Música con una idea clara: crecer. “La escuela me ayudó a trabajar con metas y proyectos. El ensamble de percusiones del CMA, por ejemplo, fue clave para mantenerme enfocada”, afirma.

Estudiar música formalmente no fue para Karla una comodidad, sino una urgencia. La necesidad de comprender teoría, historia, solfeo, y tener acceso a docentes y metodologías que nutren el espíritu creativo.

Como ella misma lo expresa: “Muchos compañeros inician en la iglesia, en grupos locales, o con maestros particulares. Pero llega un momento en que necesitas otra estructura. El conocimiento también es libertad”, expresa.

La vida académica le ofreció más que conocimientos, le dio disciplina, estructura y oportunidades de explorar otras dimensiones artísticas. Uno de los momentos que transformaron su perspectiva fue cuando descubrió el teatro instrumental durante la presentación del Dr. Iván Manzanilla, en el Museo de la Música del CMA.

“Me hizo verme como artista solista, algo que nunca me había planteado. Siempre había trabajado en colectivo, en bandas, en grupos. Pero ahí encontré un espacio para expresar todas mis facetas”, recuerda.

Esa revelación se convirtió en su tesis: “Percusión Performática”, una propuesta que fusiona música, danza, teatro y artes visuales, en la línea de movimientos como el Fluxus, donde la ejecución musical trasciende la técnica para convertirse en una experiencia escénica integral. Su concierto de titulación incluyó la compleja pieza Temazcal del compositor Javier Álvarez, que exige al intérprete sincronizarse con una pista pregrabada mientras ejecuta sonidos rituales con maracas. Una experiencia sensorial, conceptual y profundamente contemporánea.

Pero Karla Veytia no ha recorrido este camino sola. Desde sus inicios ha trabajado en colectivo. En Mazatlán, se integró junto a otras artistas a una agrupación femenina de música versátil que fue ganando notoriedad en la escena local.

Keletias y Flor Amargo

Posteriormente se aventuró a crear música junto a dos compañeras y se logró la formación de “Keletias”. Tocando en bares, eventos sociales y escenarios independientes, el grupo no tardó en llamar la atención. Fue entonces cuando sucedió algo inesperado: Flor Amargo, reconocida por su talento y su estilo libre, las descubrió a través de una sesión musical en un bar solitario.

Flor, conocida por su activismo a favor de la libre expresión artística y la música callejera, las invitó personalmente a presentarse en Ciudad de México, una oportunidad que para Karla y sus compañeras significó un punto de inflexión.

“Fue una experiencia increíble porque no solo nos escuchó, sino que nos validó como artistas independientes. Esa invitación nos dio una visibilidad que no imaginamos”, relata Karla Veytia.

El reconocimiento de Flor Amargo no solo fue un espaldarazo artístico, sino también un símbolo del impacto que puede tener el trabajo colectivo cuando está sustentado por el esfuerzo, la autenticidad y la formación. Porque, aunque muchas historias de músicos se fraguan en la informalidad, es en el cruce con la educación formal donde el talento encuentra un cauce duradero y profesional.

En estos momentos Karla Veytia, “Charlette”, espera la oportunidad de participar en el Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez en la CDMX.

El relato de Karla Veytia no solo pone en valor la educación musical, sino que también invita a reflexionar sobre la vida del músico contemporáneo: un ser en constante búsqueda, que cruza lo popular y lo académico, lo intuitivo y lo técnico, lo emocional y lo performático. Su historia apenas comienza, y ya es un testimonio de por qué el arte merece un espacio serio y digno en la educación superior.

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Niños de El Quelite culminan el Taller de Verano “Mis Vacaciones en la Biblioteca” 2025

La comunidad de El Quelite celebró hoy la clausura del Taller de Verano “Mis vacaciones en la biblioteca”, un programa que enriqueció a más de 30 niños y niñas de 6 a 12 años con una semana de exploración y aprendizaje. La iniciativa culminó con una alegre sesión dedicada a la diversidad, donde los jóvenes participantes mostraron su creatividad y lo aprendido.

El evento de cierre fue un despliegue de creatividad y cultura. Los participantes llegaron ataviados con vestimentas que representaban diversas personalidades, desde deportistas y artistas hasta habitantes de zonas rurales y urbanas. Destacaron los coloridos trajes típicos de Oaxaca, que aportaron a la celebración una muestra de la rica diversidad cultural de México. Para fomentar aún más la inclusión, los niños también tuvieron la oportunidad de aprender nociones básicas del lenguaje de señas mexicano, ampliando su conocimiento y su capacidad de conexión con los demás.

Factor Sorpresa: Emociones, Creatividad y Arte

El taller, denominado “Factor Sorpresa”: Emociones y Creatividad, se llevó a cabo del lunes 14 al viernes 18 de julio. Durante esos días, los pequeños exploradores se sumergieron en un sinfín de actividades interactivas, incluyendo la elaboración de manualidades, la experimentación con la pintura, el descubrimiento de la literatura y el disfrute de la música. La semana culminó con un número sorpresa presentado por cada participante, un cierre perfecto que complementó sus disfraces.

Raquel Tirado Chávez, la entusiasta encargada de la Biblioteca Municipal de El Quelite, guio a los niños en esta aventura educativa. Su pasión y dedicación fueron clave para crear un ambiente de armonía y comprensión, facilitando que cada asistente absorbiera el conocimiento con alegría.

Los días en la biblioteca y el cobertizo de El Quelite estuvieron repletos de juegos, cantos, pintura y actividades motrices, culminando con la presentación de diversos números artísticos elegidos individualmente por cada niño.

Este programa infantil gratuito, replicado en varias bibliotecas de Mazatlán, fue posible gracias al invaluable apoyo del Gobierno de Mazatlán, el Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, el Centro Municipal de las Artes y las Bibliotecas Públicas Municipales. Estas instituciones trabajan para ofrecer espacios seguros y armoniosos, verdaderos “mares de conocimiento” listos para ser explorados por las futuras generaciones.

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“Museo Casa del Marino” a la orilla del tiempo y del mar

Hay lugares que te cuentan una historia… y hay otros que la transforman. A un costado de Playa Pinitos, donde el mar toca la tierra con fuerza ancestral, se encuentra un recinto que ha empezado a tejer una relación íntima entre los objetos del océano y la memoria de quienes lo visitan. El Museo Casa del Marino, inaugurado el 14 de octubre de 2024, no ha parado de recibir visitantes —más de 26,000 hasta ahora— y muchos de ellos salen con los ojos abiertos, pero el corazón revuelto.

Aquí no hay guías rígidos ni rutas obligatorias. El recorrido es libre, como las olas, como la imaginación. En la planta baja, una joya histórica recibe a los curiosos: un catalejo funcional de 1915, a través del cual es posible ver yates, barcos e incluso islas en el horizonte. Junto a él, un timón acompañado de su compás magnético parece invitar al visitante a tomar el control simbólico de su propia navegación.

Pero hay una pieza que detiene el aliento: una réplica a escala del Titanic, construida con un nivel de detalle que asombra tanto como la historia que representa. No es una simple maqueta, es un recordatorio de lo frágil que puede ser la seguridad humana frente al poder del mar. Algunos visitantes se quedan mirándola en silencio, como si en su reflejo recordaran algo propio, una pérdida, un viaje interrumpido, un sueño naufragado.

Este museo exhibe objetos, despierta recuerdos, emociones y preguntas existenciales. En sus salas se habla del mar, pero también de nosotros: de nuestra necesidad de orientarnos, de nuestra obsesión por explorar, de nuestra responsabilidad con la naturaleza. Una pantalla gigante convertida en pecera virtual deja ver peces dibujados por niños que cobran vida gracias a un lector QR. Es un espectáculo de color y tecnología que termina atrapando también a adultos de 30, 40 y hasta 70 años. No es un truco visual, es un reflejo de cómo todos queremos sentirnos parte de algo vivo.

En la sala ecológica, caracolas auditivas con sensores de movimiento cuentan anécdotas a quien se acerca. En el mural de ¡Grumetes en acción!, los visitantes descubren cuánto tarda en degradarse un contaminante en el océano. Frente a esa pared, muchos dejan un mensaje en un pintarrón en forma de botella, como si enviaran una carta simbólica al mar. Uno de ellos dice:

“El mar significa tanto para la humanidad, ¡cuidémoslo!”
Otro, más breve pero igual de potente, reza:
“Ya no volveré a tirar basura al mar.”

Roberto Flores, coordinador del Museo Casa del Marino expresa que a veces deben borrar esos mensajes para que otros tengan oportunidad de escribir. Pero al hacerlo, se queda con una sensación de nostalgia, como quien borra un rastro en la arena sabiendo que el oleaje no lo traerá de vuelta.

En el primer piso, una ludoteca marina, banderas náuticas, constelaciones en el techo y una gran brújula en el suelo crean un espacio envolvente. Allí se comprende que navegar no era solo cuestión de mapas, sino también de fe en las estrellas. Y de pronto, todo se conecta: el timón, la brújula, el Titanic, los peces que nadan virtualmente… cada elemento cobra sentido. Aquí se aprende no solo para saber más, sino para comprender mejor la vida propia y el mundo natural.

Y cuando el recorrido parece terminar, se abre una terraza. Frente al mar. A la izquierda, un cañón antiguo apuntando al horizonte. Un símbolo de defensa, de soberanía, de un pasado que aún retumba en la conciencia de quienes saben que la libertad se ha defendido desde estos puntos. Hoy, ese cañón ya no dispara, pero provoca respeto, preguntas, emociones. Al pie del cañón, entre familias, niños y viajeros, hay quienes se quedan en silencio mirando el agua y sienten que algo se mueve dentro de ellos.

El Museo Casa del Marino no es solo un sitio de exhibición: es una experiencia que transforma. Es un sitio para dejarse llevar, para reencontrarse con el mar… y con lo que somos frente a él, cada objeto cobra vida, las campanas y los mapas celestiales se convierten en esperanza.

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Niños de “Mar de Palabras” Zarpan Hacia Nuevas Historias en la Casa del Marino

Una mañana de alegría y profundo aprendizaje marcó el verano de 2025 para los niños y niñas del punto de lectura “Mar de Palabras”. Su visita al Museo Casa del Marino (MUMMAZ) se convirtió en una experiencia inolvidable, llenándolos de sabiduría y hermosos recuerdos.

Ángela Camacho Mayorquín y María Félix Raygoza, las dedicadas líderes y educadoras de este programa gratuito que atiende a niños del Fraccionamiento Cvive y sus alrededores, guiaron a casi dos decenas de estudiantes en su primera visita a las instalaciones del museo didáctico. Para muchos, era su primer encuentro con la riqueza histórica y marítima que alberga este recinto.

Los anfitriones del museo, Roberto Flores, Verónica Baena, Tabatha Arce y Mariana Cázares, ofrecieron un recorrido especial a este grupo de infantes de entre cinco y doce años. Con gran detalle, les mostraron las cuatro salas y brindaron explicaciones claras en cada módulo, destacando la importancia de los atractivos de la nueva Casa del Marino.

Por su parte, Ángela Camacho Mayorquín y María Félix Raygoza, con gran imaginación, cautivaron a los pequeños con dos cuentos de temática marina mazatleca. El primero, “La historia de las 3 Islas”, narró el fascinante origen de las icónicas tres islas que se erigen frente a las costas de Mazatlán, una fábula que dejó a los presentes asombrados.

El artista Gaspar Velarde, invitado especial de las educadoras culturales, también formó parte de este recorrido, aportando su carisma y conocimiento al relatar parte de la historia del puerto en los puntos temáticos del “Fuerte 31 de marzo”.

Una Conexión con la Identidad Porteña

Esta visita cultural fue fundamental para el plan educativo de la dupla Camacho-Félix. El acercamiento cultural que brindan en cada sesión busca fomentar una profunda conexión e identidad con el puerto en los niños, reforzada por todo lo aprendido durante la experiencia.

“Les estamos haciendo una presentación de nuestro puerto, estamos haciendo actividades, poemas, cuentos, leyendas y mitos de lo que es Mazatlán”, explicó Ángela Camacho.

“Esta visita es un trabajo de un gran equipo, porque para nosotros es muy importante que tuvieran la cercanía con el mar y el contacto con la naturaleza del puerto”.

Naydelín Carrillo Martínez, una niña de 10 años, compartió su entusiasmo, y mencionó que la visita fue “muy enriquecedora y divertida”. Decidida a regresar con su familia, Naydelín afirmó que el Museo Casa del Marino es un lugar que “toda familia de Mazatlán tiene que visitar”.